Crónica personal de una ciudad que se vive mejor a pedal
Hace exactamente un año, en plena primavera porteña, decidí recorrer Buenos Aires como más sentido tenía hacerlo: en bicicleta.
Marzo y abril pintan la ciudad con una luz especial. No hace frío, no hace calor. Todo florece. Todo invita a quedarse un rato más.
Durante 12 días pedaleé la ciudad usando el sistema público de bicis. Sin prisa. Sin ruta rígida. Dejando que la ciudad me llevara.
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Kirchner, museos y el pulso cultural
Uno de los primeros lugares que visité fue el Centro Cultural Kirchner. Llegar en bici cambia por completo la experiencia: no llegas como turista, llegas como alguien que pertenece momentáneamente al lugar.
Horas después estaba en el Museo de Arte Latinoamericano, frente a obras de Frida Kahlo, piezas de Rodin y arte que conecta historias, países y emociones. Me quedé más tiempo del planeado. La bici esperaba afuera.
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Palermo: pedalear sin reloj
Palermo fue hogar temporal. Calles arboladas, cafés que parecen escenarios de película, librerías, gente caminando lento.
Pedaleaba sin rumbo fijo. Entraba a un café por intuición. Pedía un espresso. Escribía ideas. Observaba.
Buenos Aires te enseña algo importante: no todo tiene que ser productivo para ser valioso.
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Recoleta, la Facultad de Derecho y la escala de la ciudad
Recoleta se siente clásica, elegante, casi europea. Pedalear frente a la Facultad de Derecho impone. La escala del edificio, la simetría, la historia. Ahí entiendes cómo la arquitectura también educa.
En bici, el contraste es aún más fuerte: tú, pequeño, avanzando frente a estructuras enormes. Es una lección silenciosa sobre perspectiva.
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El Obelisco, el Capitolio y la ciudad en movimiento
Llegar al Obelisco en bicicleta es una experiencia intensa. Tráfico, ruido, gente, energía pura.
Buenos Aires late fuerte ahí.

Pasé también por el Capitolio, pedaleando entre avenidas que parecen no terminar nunca. Y aun así, la bici te da control. Te da presencia.
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Comer carne, caminar de noche, vivir la ciudad
Comí carne como se debe. Varias veces.
Asados largos, vinos, sobremesas eternas. Buenos Aires se disfruta tanto sentado como en movimiento.

Por la noche dejaba la bici y caminaba. Calles vivas, conversaciones, risas. La ciudad nunca se apaga del todo.
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La Boca: color, identidad y contraste
Pedalear por La Boca fue entrar a otra capa de Buenos Aires. Casas de colores intensos, paredes que cuentan historias y una energía cruda, directa. Ahí la ciudad no se disfraza: se muestra tal cual es. Avancé despacio, observando cada detalle, entendiendo que la identidad también se construye desde el contraste. La Boca te recuerda que una ciudad vive de sus diferencias, y que incluso los espacios más duros pueden ser profundamente inspiradores cuando los recorres a tu propio ritmo.
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La bici como espacio mental
Hubo días en los que rodé solo, en silencio.
Ahí llegaron las preguntas importantes.
¿Qué sigue para MyBike?
¿Cómo crecer sin perder esencia?
¿Cómo llevar una marca nacida en México a una narrativa global?
Buenos Aires fue un lugar de claridad. La bicicleta se convirtió en mi espacio mental, donde las ideas se ordenaban sin presión.
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Amigos, encuentros y coincidencias
También hubo amigos. Nuevos y viejos. Encuentros espontáneos, planes que surgían sobre la marcha. En bici siempre llegas con historias frescas.
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Lo que viajar en bici te deja
Un año después, lo confirmo: viajar en bicicleta cambia la forma en que ves una ciudad… y la forma en que te ves a ti mismo.
Te devuelve el control del tiempo.
Te conecta con el entorno.
Te recuerda por qué te mueves.
Una invitación abierta
Si algún día dudas sobre cómo conocer una ciudad, hazlo en bicicleta.
No necesitas un plan perfecto. Solo ganas de rodar.
En MyBikeMx creemos en eso: la bici como herramienta de libertad, inspiración y conexión.
Nos vemos en la próxima rodada.
En la próxima ciudad.
En el próximo viaje.
— Con cariño, Equipo MyBikeMx

